El Realismo zubiriano1

Ignacio Ellacuría

El realismo zubiriano no es, desde luego, el craso realismo de quienes ven en la mente una absoluta pasividad, que no hace sino reflejar lo que hay en la realidad material, para después combinar esos reflejos según determinadas leyes lógicas. Este realismo crasamente materialista consideraría "idealistas" algunos de los puntos de vista del realismo zubiriano. El propio Zubiri rechaza esta forma de realismo como si en una teoría de la inteligencia se hubiera de empezar desde las cosas reales para desde ellas justificar la realidad de los actos intelectivos; se ha de comenzar de lo que nos está inmediatamente dado, esto es, de la realidad en tanto que aprehendida intelectivamente, bien que entendiendo esta aprehensión como mera actualización, pues la inteligencia no haría primariamente sino actualizar la realidad de algo. Así, por ejemplo, lo que se actualiza primariamente en la aprehensión del calor es el calor mismo como real, como algo que de suyo calienta, como algo que le es en propio calentar, pero no como algo que proviene-de o pertenece-a una cosa caliente, etc. Respecto de este calor la inteligencia sentiente no sólo siente el contenido-calor sino que siente la realidad misma del calor; no es sólo inteligencia sensible sino que es formalmente inteligencia sentiente.

Donde se aprecia mejor el carácter peculiar de este realismo es en el caso de las cualidades sensibles, donde Zubiri establece, por decirlo así, dos zonas de realidad: realidad en la aprehensión y realidad allende la aprehensión. ¿Se trata de la misma realidad? Y si se trata de la misma en ambos casos, más aún si se "llega" a la realidad allende la aprehensión desde la realidad aprehendida, ¿No quedará "idealizada" la realidad afirmada allende la aprehensión?

Si nos fijamos en la afirmación de que los colores tienen realidad, son reales en la aprehensión, nos encontramos con una ruptura de fronteras. La filosofía escolástica para hablar de la verdadera realidad hablaba de algo que existe extra animam, esto es, allende cualquier acto mental objetivo; aquello que sólo tuviera existencia in anima no sería para ella real por mucho que tuviera fundamento en la realidad. ¿Qué significa, entonces, que los colores son reales en la aprehensión? ¿No se trataría de un sentido distinto de realidad? ¿No serían los colores la versión aprehensiva y sólo aprehensiva de otra cosa, que sería la verdaderamente real? Y, sin embargo, los colores se presentan en la aprehensión con las mismas características de realidad en cuanto a su contenido que en cuanto a su formalidad. ¿Quién diría que los colores no son reales a parte rei o que el sol no da vueltas alrededor de la tierra, si no se sobrepasase la realidad inmediatamente aprehendida mediante ulteriores actos mentales?

Esto nos lleva a un planteamiento más amplio. El libro La inteligencia humana no trata sin más de la realidad –esto sería un problema de pura metafísica como es el caso de Sobre la esencia sino de "la cosa real intelectivamente aprehendida", aunque por intelección se entiende la mera actualización de la cosa real en la mente. Se supone que el describir la intelección como mera actualización y actualización sentiente es atenerse desnudamente a los hechos. La sospecha idealista, robustecida por la distinción entre lo que es real allende la aprehensión y lo que es real en la aprehensión, hace preguntarse si las cosas aparecen así en la aprehensión o por la aprehensión; esto es, vuelve la eterna cuestión de qué es lo que "pone" la aprehensión en la cosa aprehendida, por el mero hecho de ser aprehensión sentiente humana.

Tomemos una frase como ésta: "Estas cosas... están constituidas según su momento de realidad. Y este momento es la formalidad actualizada en intelección sentiente. Por esto el aspecto sentiente no es ajeno a esta constitución de lo que son las cosas reales actualizadas en la intelección. Con ello no me refiero tan sólo a las cualidades específicas del contenido sentido, lo cual sería obvio... Me refiero a que el contenido de toda percepción tiene una unidad ya primordialmente incoada en virtud de nuestra organización psico-fisiológica... Es una homogeneización intelectiva, pero de intelección sentiente, cuyos caracteres sentientes están determinados por la organización funcional psicofisiológica de la sensibilidad. Gracias a ello, lo aprehendido cobra en todos los hombres el mismo carácter de cosa".

Si dejamos de lado como se debe dejar en este momento la presunción de que existen cosas allende la percepción, tendríamos que la cosa como unidad real separada es algo que pone la aprehensión y lo "pone" en virtud de determinadas condiciones empíricas, que son homogéneas en todos los hombres o que, de nuevo, se perciben forzosamente como tales2. Esto vuelve a plantear el problema de qué es lo que pone la aprehensión en aquello que decimos meramente actualizado. Porque con la misma inmediatez se me presenta en la aprehensión su carácter de cosa, que sus contenidos, que su formalidad de realidad. Y entonces la sospecha idealista alcanza a todo, de modo que habría que mostrar que lo aprehendido se presenta como se presenta porque es realmente así y no porque es aprehendido.

Esto valdría de la misma formalidad de realidad. No toda aprehensión aprehende realmente las cosas, las puede aprehender de modo puramente estimúlico3. Lo cual hace sospechar que la formalidad es en parte algo que el sujeto "pone" y no sólo algo que el aprehensor actualiza. Aunque esta "formalidad" tenga poco que ver con el problema kantiano de las formas, no deja de perturbar para una fundamentación crítica de la inteligencia.

Por otro lado el presunto "realismo" zubiriano no lo es tanto al referirse a lo que son las cosas en sí: qué cosas hay realmente, cuáles son las causas de que algo suceda, cuáles son las notas esenciales de una cosa real, cómo es lo que no es sensiblemente aprehendido, etc. Desde este punto de vista nada más lejos de él que el craso realismo del espejo representativo o el realismo ingenuo que cree posible alcanzar cualquier tipo de realidad. Pero tampoco es un idealismo ingenuo porque la dificultad para poder alcanzar lo que es la realidad no estaría en lo que la mente humana pone sino en la dificultad del proceso mismo de inteligir. Sin embargo no cabe olvidar que Kant concluye la Crítica de la Razón pura sosteniendo que es imposible el conocimiento de lo que son las cosas en sí y, más aún, de lo que serían las cosas a las que no hay acceso alguno a través de la sensibilidad. Y aunque el planteamiento kantiano no sea la única razón del descrédito de la metafísica, es uno de los puntos de arranque de este descrédito; por consiguiente, se necesita otro planteamiento que deje abierta la posibilidad de un discurso metafísico.

Se dirá que este discurso se ha realizado en Sobre la esencia sin necesidad alguna de fundamentación epistemológica previa. A esto debe responderse: primero, que es una de las objeciones que se le han puesto al libro; segundo, que el propio libro da in nuce una teoría de la inteligencia, bien que en el mismo nivel metodológico que el resto del libro; tercero, que la inteligencia humana no trata sin más de las cosas reales sino de las cosas reales en tanto que aprehendidas, y este "en tanto que aprehendidas" incluso si se entiende únicamente en el sentido "cosas reales actualizadas en la aprehensión", hace que el nuevo libro sea distinto que el anterior y no sólo por los contenidos sino por el modo mismo de tratarlos. Quizá sea éste uno de los puntos que deberían tratarse en la introducción.

Dicho en otros términos conviene decir explícitamente si el nuevo libro es sólo nuevo, porque prolonga Sobre la esencia al tratar largamente un tema metafísico, como sería la inteligencia en tanto que realidad, o si es nuevo porque se acomoda en su análisis a una realidad, que por su propia naturaleza y por la carga histórica de la filosofía pasada, exige un especial tratamiento crítico. Si el libro va a concluir diciendo en qué sentido y hasta qué punto es posible la metafísica, no puede olvidar la obra kantiana que asimismo termina dando respuesta a esa pregunta fundamental.

La respuesta la ofrece el libro mismo tratando de analizar y describir hechos, pero en lo que estos hechos tienen de propio. Sobre todo y radicalmente por lo que en toda aprehensión hay de impresión de realidad; precisamente por esta formalidad en lo que tiene de sentiente es posible la metafísica, una metafísica real y no meramente conceptual, Porque la impresión de realidad además de dar la realidad abre en ella un camino hacia el difícil encuentro con cualquier realidad.



1Zubiri anota en el revés de la primera página: "Es realista: la realidad aparece... sino que está presente"

2Al margen de este párrafo Zubiri escribe "sí".

3Zubiri anota al margen: "La habitud no 'pone' nada. Las cosas 'quedan' en la habitud".